Cada proyecto plantea un desafío de distinta naturaleza, y ese “desafío” es el punto de partida del que deriva la respuesta de mis obras generando una arquitectura moderna y funcional.
Esta “idea generadora” no es una idea abstracta de diseño absoluto, es la respuesta a una necesidad especifica de cada proyecto.
En los proyectos de carácter comercial, las premisas pasan en general, por los tiempos de obra, por la solución a problemas operativos de cada empresa y por la proyección comercial del comitente. Estos proyectos me han llevado a utilizar las nuevas tecnologías constructivas como herramienta principal, y la interdisciplina con distintos profesionales (publicistas, diseñadores gráficos, ingenieros, etc.) En los proyectos de viviendas particulares las premisas pasan por los deseos de sus habitantes, por el máximo aprovechamiento del espacio, por la relación de la obra con el entorno y por la mecánica particular de cada familia.
Otro aspecto que siempre tengo presente en el momento del diseño es el de la flexibilidad. La arquitectura está hecha para las personas que la habitan; las personas, las empresas, los comercios, cambian y crecen. Tratando siempre que los proyectos den respuestas a las necesidades actuales, a la vez sean permeables a las necesidades y modificaciones futuras, se logra una arquitectura flexible.
Por ejemplo unos clientes hoy son una pareja, mañana serán una familia, la casa podrá ser a la vez la oficina de uno de ellos. Al diseñar hoy la fachada de una casa hay que tener en cuenta la posible adición de una planta alta, de una cochera, de un quincho. Estas alternativas deben ser contempladas para lograr la flexibilidad futura. Muchas veces cuando el crecimiento físico no es posible, la respuesta es maximizar el espacio utilizable con muebles flexibles que permitan varios usos a la vez.
En la arquitectura comercial pasa lo mismo: el crecimiento y la modificación de necesidades acorde con los cambios de los mercados es una constante preocupación de los clientes.